Página 36 - MAHJONG EXPO

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Virginia Chévez hace gala de una pincelada osada e irreverente
que consigue el justo equilibrio entre las zonas pastosas y las
sutiles transparencias,
creando atmósferas preñadas de misticismo,
como si se tratase de un velo imaginario entre la mirada del espectador
y un horizonte profundo, oculto tras las numerosas capas pictóricas. Su
pintura es a un tiempo contemplativa y sensual, quieta y provocadora,
un detonante de melancolía y goce, encadenados
como en el renga, género literario del antiguo Japón,
del cual deriva la tradición del haikú, cuya poética
mística subyace en la esencia de sus pinturas.
Observar la obra de Virginia Chévez es trascender
las fronteras del óleo y del lienzo para sumergirse en
un mundo de total paz, de absoluto silencio, donde
el alma se descubre a sí misma gozando el paisaje
interior. Colores que se entrelazan en completa
armonía con el sonido del universo, matices que
nos envuelven en un eterno abrazo para transportarnos al hogar
fundamental del ser. Contemplación en soledad que acoge y abriga;
meditación hecha pintura que invita a olvidarse de la existencia y
entregarse ante la inmensidad del universo.
Virginia Chévez cuenta con más de veinte exposiciones colectivas en
México y otros países como Suiza, Estados Unidos y Canadá. Se le
otorgó la “Beca Jóvenes Creadores” en su edición 1995-96, así como
una Mención Honorífica en la “II Bienal de Nutrición” en 1997.
Virginia Chévez
SUS PINTURAS MUESTRAN QUE LA VIDA
TIENE DIFERENTES “TEMPERATURAS”,
DESDE EL ROJO VITAL, HASTA LOS
MEDITABUNDOS,
FRÍOS GRISES Y BLANCOS.