Página 27 - MAHJONG EXPO

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Pedro Friedeberg es conocido por su trabajo surrealista lleno de
líneas, colores y símbolos religiosos antiguos,
su pieza más conocida
es la “Mano-Silla”: una escultura/silla diseñada para sentarse en la
palma, usando los dedos como respaldo y descansabrazos. Friedeberg
comenzó a producir diseños que iban en contra de las formas
convencionales de la década de los cincuenta, algunos tan increíbles
como casas con techos en forma de alcachofa. Su
trabajo llamó la atención de Mathías Goeritz quien
lo animó a continuar su carrera de artista. Friedeberg
se volvió parte de un grupo de artistas surrealistas
mexicanos, entre los que se encontraban Leonora
Carrington y Alicia Rahon, distinguidos por su
irreverencia, rechazando el arte social y político que
era dominante en ese momento. Friedeberg afirma
que el arte ha muerto porque no se ha producido
nada nuevo. Establece una distancia elegante con
la memoria y el conocimiento y toma apuntes sobre esoterismos;
cábalas, tarots, códigos de navegación y signos de alquimia. Estudia
las sabidurías populares y hace nuevos paradigmas filosóficos en los
que incluye a Nietzsche y Spinoza. Cada cuadro de Friedeberg es un
proyecto sobre la naturaleza infinita de todas las cosas, llena el vacío
del papel con una caligrafía pulcra y negra que avanza con la seducción
de sus contenidos. Cuando aparecen las imágenes, palacios y relojes,
sillas, maniquíes y serpientes, leones y mandriles en medio del vértigo
de laberintos y arabescos hay un perfume de acertijos, barajas mágicas,
saberes secretos, juegos, claves, códigos, inciensos, humos y aromas.
Pedro Friedeberg
EL ESPACIO EN BLANCO ES UN ABISMO
Y A
LOS ABISMOS HAY QUE ABOLIRLOS CON LÍNEAS
REPETITIVAS O DOMARLOS CUBRIÉNDOLOS
DE
ROJO, DE AZUL, DE AMARILLO.